LAS PIEDRAS DE LA VIEJITA


LAS PIEDRAS DE LA VIEJITA

Escribe: Cristina Chacón Delgado

Dos compadres, Prudencio y Asunción, cholos acriollados, cantaban alegremente mientras extraían a punta de pico y pala, muestras de mineral de hierro virgen, del cerro La Justa, confiados y seguros que nadie transitaba por esas pampas, especialmente por el caminito del arcillar.

En su hora de descanso, dormitaban casi en la puta del cerro. Asunción estaba inquieto porque minutos antes, su burro de carga rebuznaba desesperado y bien seguido, hasta que echó a correr velozmente y se perdió en el camino. A lo lejos divisó Asunción que alguien venía de las lomas del Sur, una silueta que avanzaba rápido en dirección hacia ellos y muy asustado le dijo a su compadre: ¡Cumpa! ¡cumpa Prudencio!!Alguien viene, está corriendo, viene hacia aquí….vamos cumpa, si nos pescan nos van a denunciar!...!despierte cumpa!

Medio adormitado, Prudencio le contesta: - ¡Compadrito, el sol le ha llegado, está viendo visiones….ya deje descansar!
-        ¡En serio cumpa….vámonos! ¡apúrese carajo! ¡se está acercando!

Prudencio se levanta furioso y en efecto, la silueta estaba a cien metros, se le veía claramente, era una mujer con dos canastas quien se acercaba como si volara encima del suelo.
-¡Ay carajo! estoy viendo mal? ¡camina como un alma! o será de carne y hueso?¡sea quien sea, mejor nos vamos…levantemos las cosas!

Costal en hombros, echaron a correr en sentido contrario de la mujer. El más asustado y preocupado era Asunción, quien creía en las almas y todo lo que fuera el mal, contra esto llevaba en su cuello una cruz, se la arrancó para llevarla en la mano, por si era un alma en pena, para defenderse.

Corrían a gran velocidad, al voltear ellos, la mujer estaba a unos pasos…con más ganas corrían, cuando de pronto chocaron estrepitosamente contra algo y cayeron al suelo desparramados! ¡era la mujer que los seguía!....estaba delante de ellos…retándolos…

Era una viejita mal trajeada, con cara de pocos amigos, aspecto bien cansado, de una palidez notoria y traía consigo dos canastitas tapadas con mantel de yute, bien sucios.

Asunción no pudo más y se desmayó, pero Prudencio no creía en las almas, se levantó valiente y dijo: !Mamita, buenas tardes tenga usted! Qué hace por estos rumbos tan solita? ¿qué está vendiendo?

La viejita le contestó gritando:!!!que tardes ni que ocho cuartos!! ¿por qué corren de mí? ¡miedosos! ¡cobardones! ¡par de cabras!

¡Estoy buscando a mi hijo, se me ha perdido en los cerros de allacito (señaló a los enormes cerros como quien se va a Acarí) y no lo encuentro por ningún lado!

Toda ansiosa les habló señalándoles con el dedo: ¡Ahhh, ustedes han visto a mi hijito? es un niño bien gordito, chaposito, juguetón y siempre para con hambre!

¡Por allá bien lejos me dijeron, que lo han visto por aquí! ¡Contesten, lo han visto o no! ¡Les voy a premiar bien si me dicen en dónde está!

Mientras hablaba la viejita, Prudencio “craneaba” que le contestaría y Asunción despertaba de su desmayo… todo tembleque se aferró más a su cruz y solo atinaba a mirar con sus ojos desorbitados.

Prudencio contestaba a la viejita: ¡Mamita, ahora que me acuerdo, sí pues….sí lo he visto pasar hace mucho rato a un “cuchigordito” ¡se fue a jugar por ese otro cerro (señaló al cerro El Justo) y más tardecito se fue camino adentro!

La viejita toda emocionada contesta: - seguro lo has visto? me estás diciendo la verdad?

¡Claro pues mamita!!seguro lo ví! Por vida, es la verdad!...pero ya se fue caminando adentro!

Convencida que le decía la verdad, la viejita, destapó sus canastas y sacó dos piedras, una de cada canasta, una negra y la otra blanquesina con capas marrón verdosa, como caparazón de tortuga y le dio las piedras a Prudencio.

¡Toma, agárralas, llévalas contigo!...cada vez que pregunto por mi hijo, al que me dé informes o me hacen saber de él, le regalo dos piedras para que acuerden de mí…!la piedra negra sabe sí me han dicho la verdad y la blanquesina sabe si me han mentido!!Tómalas!

-        ¡Nooo!!no me des tus piedras mamita! ¡guárdalas para otros, yo no las quiero!
-        ¿Cómoqueno? tú vas a recibir mis piedras, AHORITA!...y las cargarás hasta llegar a tu destino! ¡Agárralas, tómalas!
-         
Presionado por la viejita, Prudencio no tuvo más opción que recibir las piedras y las metió en su costal, junto a su pico y pala (al roce de las piedras con sus manos, sintió escalofríos) y se fueron caminando torpemente los compadres, camino a Lomas. Mientras que la viejita, con su caminar medio volando se fue contenta camino adentro (en dirección a la actual mina de Marcona) para encontrarse con su hijito.

Por la repartición a San Juan, Asunción reclama a su compadre:!Cumpa! porqué le ha mentido a la vieja! ¿Acaso es cierto que ha visto a su hijo?....!Carajo…está mal cumpa, no debió mentirle!

-        ¡ptm! ¡compadre maricón! ¿y qué quería que le dijera? Al menos yo he hablado, porque soy valiente, en cambio tú, te mueres de miedo…mejor cállese..!

Por el camino seguían discutiendo, entonces Prudencio se acordó de las piedras y las sacó de su costal y las arrojó con furia, bien lejos de ellos y continuaron su camino.

Estando ya cerca a Jaguay, escuchan ruidos dentro del costal de Prudencio: ¡crag! ¡crag! ¡crag!....Carajo, son las piedras que botaste! ¡están en tu costal otra vez! ¡son las piedras que botaste!

-        ¡No puede ser, maldición! Piedras del demonio..ptm….! ahora verán…váyanse al diablo!..
Y tiró las piedras mucho más lejos que la anterior vez y siguieron su camino. En el trayecto, Asunción más temeroso que antes decía: ¡Cumpa, las piedras están con el mal ¡ todo por su culpa, por mentiroso!.

-        ¡Guarde su lengua, cierre el hocico y alargue sus pasos compadre maricón!

Llegando casi por el cruce de Alto Grande, en donde se juntan la carretera Panamericana Sur y la carretera antigua de las minas de Acarí, nuevamente sonaba el costal…con más fuerza chocaban las piedras, con el pico y la pala…!craaggg! ¡craaggg!.

Prudencio asustado soltó el costal, en verdad estaban las famosas piedras dentro, no podía creer lo que veían sus ojos. ¡Maldita sea! ¡no puede ser…vieja jijuna g. p….!! ya me jodió, otra vez las malditas piedras!!!....están en mi costal!!!

Aterrorizado Asunción sólo atinó a correr detrás de una lomita cercana, se arrodilló persignándose y rezando: ¡Jesús! ¡Jesús!....que se vaya el mal y que venga el bien ¡Jesús, Jesús!

Prudencio con mucha ira, hablaba pestes de la vieja. Juntando el valor posible agarró las piedras y pensó tirarlas, pero….oh. ¡noooo podíaaaa!...se habían pegado una en cada mano….!la piedra negra estaba más negra!...y la piedra blanquesina estaba moviéndose como si tuviera vida!

No podía creer lo que le estaba pasando, ya no podía más, con horror sacudía las piedras y no se despegaban. Prudencio gritaba como un enajenado: ¡Quita mierda! ¡piedras malditas! ¡Junarig….junaaariggggg ptm!

Entonces sucedió algo que jamás olvidaría Asunción (él estaba mirando detrás de la lomita)y que sus ojos no podían creer.

La piedra blanquesina, se desenrollaba lentamente en la mano de Prudencio, hasta que se paró con su cabeza presta para atacar. ¡La piedra se había transformado en una víbora! Y zas!!whisss!....lo picó! Picó a Prudencio justo en la lengua, cuando estaba con la boca abierta gritando ¡quita m….junaaaariiiiggg!
Asunción no pudo resistir lo que vio y se desmayó de impresión. Cuando despertó, fue a auxiliar a su “cumpita”, ya no pudo hacer nada por él….!estaba muerto!, tirado en el suelo, con la lengua hinchada como un camote morado!....y tenía en su mano, solamente la piedra negra que había dejado de brillar, y la piedra blanquesina había desaparecido!

Asunción y la piedra negra son fieles testigos de lo que pasó en aquellas desoladas pampas, barridas por las paracas del sur.

Esta leyenda trata sobre la existencia de las vetas de hierro de los yacimientos de San Juan de Marcona.
Publicada en la Revista MATICES DE ICA, noviembre de 1994.


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