LA TRISTEZA DEL PISPIRINCHE
LA TRISTEZA DEL
PISPIRINCHE
Escribe:
Cristina Chacón Delgado
Un
trabajador minero del almacén del muelle de San Juan, después de su almuerzo,
decidió gozar de una siestecita en su cajón preferido (uno grande y con su
media tapa) que había dentro del almacén. Como la siestecita estaba tan
agradable se pasó de largo hasta llegar la noche. Entre sueños escuchó llorar con honda tristeza a un niño…el
pionero no le dio importancia, pero el llanto quejumbroso seguía, eran los sollozos
de un niño.
Medio
somnoliento se sentó y escuchó atentamente y se dio con la sorpresa que sí
estaba llorando un niño. Dijo entonces: ¡Carajo…segurito es uno de los niños,
que nos traen la vianda, su llanto viene clarito, jugando se ha metido en el túnel
y no puede salir!
-
¡Juna
gran pu….pispirinche de m….quien lo manda meterse a jugar, ahorita lo saco a
patadas y lo mando a su casa!
Con
ajos y cebollas se dirigía renegando a la boca del túnel, como estaba oscuro
prendió el lamparín de su casco y entró a buscar al supuesto niño que lloraba.
Al llegar al fondo vio a un niño sentado, totalmente empolvado de mineral hasta
las orejas, tenía su cara y parte del pecho mojado por el abundante llanto que
emanaba.
Al
ver el aspecto del niño, se compadeció y le preguntó: Que tienes pispirinche?
Porque lloras triste? Qué estás haciendo aquí?
Entre
sollozos el niño le contestó: ¡Señor, estoy aquí porque esta es mi casa y estoy
llorando porque me están robando mi tesoro, me están quitando mis riquezas,
sólo soy un niño y no puedo defenderme!
El
pionero pensó que el niño había perdido la razón por miedo a la oscuridad y le
siguió la corriente para poder sacarlo del túnel.
-
¡Pobrecito
pispirinche!!no llores más! dime, quien te quita tus riquezas? ¡vamos a salir
para que me digas quién es y yo le voy a sacar la mugre, por hacer llorar a un
niño
-
No
es uno solo….son muchos hombres, no podrás defenderme!
-
Ajá,
son bastantes, abusivos, sinvergüenzas, a todos les saco su mugre! Ven, vamos,
salgamos, confía en mí, dame tu mano y vamos a buscarlos!
El
niño no quería salir, pero el buen hombre insistió tanto que el niño le dio la
mano para salir. - ¡Ay pispirinche, deja de llorar, mira cómo te has mojado tu
ropa…carajo, hasta tus manos están frías, heladitas….salgamos de aquí rápido¡
Justo
unos pasos antes de salir el niño retrocede y dice: ¡Señor, mejor no voy a
salir, si yo salgo quien cuidará mis riquezas, mejor me quedo!!
-Pispirinche,
hijito, vamos a salir, carajo….confía en mí!
El
niño hace el intento de zafarse de las manos del pionero y no puede. ¡Señor,
suéltame, no debo salir….por confiar en los hombres estoy perdiendo mis
riquezas!!Señor, solo te digo, gracias por compadecerte de mí, no lloraré más y
por siempre me acordaré de hombres como tú, de buen corazón, para compartir
todas mis riquezas…Adiós!....y el niño se esfumó, desapareció frente al
pionero, en la entrada del túnel. No podía creer lo que estaba sucediendo…solo
tenía entre sus manos un pedazo de mineral de hierro, tan helado que sus manos
estaban moradas de frío y se desmayó de impresión.
Al
día siguiente, lo encontraron durmiendo, bien abrazado del pedazo del mineral.
Cuando el pionero contó lo que había pasado, no le creía nadie, le decían que
se había pasado de copas de cañazo.
Cuento publicado
en la Revista MATICES DE ICA, setiembre de 1994.

Comentarios
Publicar un comentario